18.000 millones anuales es la inversión pública que se prevé para las energías renovables hasta 2030.

17,3% de la demanda actual de energía se cubre con renovables. El objetivo era del 20% en 2020. 

El poder del autoconsumo Las renovables fomentan el autoconsumo, un modelo que en España contaba con 1.399 instalaciones al acabar 2018, 245 más que el año anterior, según la Asociación de Agencias Españolas de Gestión de la Energía. Y sigue creciendo basándose, en un 98%, en la energía fotovoltaica. El autoconsumo democratiza el acceso a la energía, ya que la directiva europea que lo rige permite «venderla, comprarla, generarla y distribuirla», afi rma Ferrando. «Tenemos capacidad de decisión. Pasamos de ser un consumidor pasivo a uno activo», concluye.

Generarán 150.000 empleos, cubrirán el 42% de la demanda en una década ya evitarán la emisión de 10,75 millones de toneladas de dióxido de carbono anuales.

No hay tiempo que perder en la lucha contra el cambio climático, por lo que la transición energética debe realizarse al ritmo más rápido posible. La instalación de renovables es el pilar sobre el que desarrollar un mundo sostenible, y España, con muchas horas de sol, con viento y mar, puede convertirse en un referente de la energía limpia. Hemos aceptado el reto y en nuestro país la revolución ya ha empezado.

El principal objetivo marcado tiene como horizonte 2020. Para entonces, las renovables deberían aportar un 20% a la demanda fi nal de energía. Ahora nos encontramos en un 17,3%, por lo que en lo que resta de año no se alcanzará dicha meta. La causa de esta decepción es que «de 2013 a la primera parte de 2018 no se ha instalado nada. Luego se empieza a instalar la potencia estipulada en las subastas de 2017, que estuvieron mal diseñadas y por eso en estos momentos solo se cubre el 50% del objetivo en fotovoltaica y el 25% en eólica», sostiene el presidente de Fundación Renovables, Fernando Ferrando.

Hay oportunidad de corregirse, pues en 2030 hay una nueva meta, que las fuentes limpias ocupen el 42% de la demanda. Para Ferrando, «hay tiempo de lograrlo si nos ponemos ya a trabajar. Pero si seguimos con gobiernos en funciones que no pueden tomar decisiones y con una administración parada no se conseguirá».

Más vale darle la vuelta a la situación porque las renovables se han convertido en uno de los sectores que mejores perspectivas económicas generan. Por ese motivo, los inversores se han interesado en él. Y los que proceden de países con menos posibilidades de generación de energía limpia, como Alemania (que tiene poco sol y poca costa), han decidido trasladar su capital a España.

Las empresas eléctricas están realizando esfuerzos económicos para cambiar su modelo de negocio hacia uno más sostenible. Y las de tecnología, igualmente, apuestan por desarrollar herramientas de generación energética más eficaces y eficientes. Pero el sector que deberá liderar la transición no es el privado, sino el público. De momento, el Gobierno en funciones ha anunciado una inversión, de media, unos 18.000 millones de euros anuales hasta 2030.

La renovación de las renovables ha alcanzado, incluso, al sector financiero. Recientemente, la energética Grenergy Renovables registró el primer programa de bonos verdes del Mercado Alternativo de Renta Fija (MARF). De esta manera, la compañía prevé acceder más fácilmente a inversiones sostenibles.

Allí donde va el dinero, se genera empleo. Es una máxima que no falla casi nunca. Respecto a las renovables, KPMG, en su informe «El impacto socioeconómico de la energía eólica en el contexto de la transición energética», estima que las fuentes limpias generen en España 150.000 empleos directos e indirectos.

Estos puestos de trabajo estarán muy vinculados, aprecia Ferrando, «al equipamiento electrónico, como el desarrollo de baterías o ingeniería en general. En definitiva, serán perfiles tecnificados». Aunque lo más importante respecto al empleo, añade, es que «será diversificado territorialmente porque en todos los núcleos urbanos se consumen renovables». Todos estos empleados formarán parte de un sector que, si todo va según lo previsto, evitará dentro de una década la emisión de 10,75 millones de toneladas anuales de dióxido de carbono, así como reducirá el consumo de agua en 142 millones de metros cúbicos. En términos económicos, el ahorro será de casi 500 millones de euros y rebajará los costes relacionados con la salud en alrededor del 0,2% del PIB nacional, según KPMG. No obstante, para que todos estos datos sean una realidad, todavía quedan aspectos en los que trabajar. Red Eléctrica de España ha señalado que es necesario reforzar las interconexiones eléctricas con Francia. A día de hoy solo son del 2,4%, mientras que habría que alcanzar el 8% para que los objetivos marcados para 2030 se cumplan con solvencia. En este sentido, ya se está llevando a cabo un proyecto de interconexión submarina entre del Golfo de Vizcaya y Francia, que supone una inversión de 1.750 millones de euros. De ellos, 700 millones procederán de España y 578 millones de fondos europeos. Cuando esté terminado se podrán intercambiar 5.000 megavatios.

La mejora de la interconexión es importante en un sistema basado en renovables porque éstas dependen de factores aleatorios como son los climáticos. Así que si en España nos quedamos sin sol y viento durante un periodo, desde Francia podrían darnos la energía que necesitaríamos. «La interconexión consigue que se forme un mercado más grande en el que se noten menos las fluctuaciones. De esa manera, sería un sistema más barato y eficiente», explica el presidente de Fundación Renovables.

Fuente: La Razón